Desayuno sin diamantes |
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Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2004. HoyCompraría máquina del tiempo defectuosa, con pedal sólo de ida. Sin instrucciones de usoMe pregunto desde cuando se comienza a contar para llegar a los mil años entre apocalipsis y apocalipsis. Me pregunto si los apocalipsis son para todo el mundo o vienen predeterminados y son más específicos. Me pregunto si los apocalipsis traen manual de intrucciones o líneas a seguir para escapar de uno o prospecto. Me pregunto si los apocalipsis son definitivos o si podré escapar de ellos. O si sirve cambiarse de acera, aunque sea en el último momento. O si hay que comer ajo o llevar cruces colgadas. O si hay que hacer un círculo en el suelo y saltar dentro. Hay cosas de las que no sé defenderme, apocalipsis en miniatura como tú. BrindisChín-chín por: ... robar mantecados en las tiendas de muebles. ... romper a mordiscos copas con zumo de tomate. ... pasar frío mientras la bufanda se guarece dentro del coche. ... sesiones de desmaquillaje a las tres de la madrugada. ... volver a ser amigos. ... las gallinas que ponen huevos. ... vigilarte desde mi balcón. ... los móviles desconectados. ... el cine a dos minutos de mi casa. ... el olor a tarta en la cocina. ... creer que esta carretera me llevará a Miami. ... vivir sin lámparas. ... creer que las nubes son peinados renacentistas. ... coleccionar las pegatinas de las frutas. ... no quedarme encerrada en el ascensor. ... perder las llaves. ... hablar con los animales. ... soñar con vacaciones en un barco. ... el cielo con color de yogur de limón. ... todo... Mis gafasHay quien cree que me hago la interesante porque siempre llevo gafas de sol. Lo hago porque me molesta la claridad, incluso la luz de un día nublado; y porque con ellas voy más cómoda, puedo cerrar los ojos en el bus, puedo mirar donde no debo mientras voy paseando y puedo poner miraditas tiernas a cierto alguien y que se las imagine. Aunque, básicamente, las llevo siempre porque están graduadas, pero esto último sí es un secreto: de belleza u oftalmología, elíjase lo que corresponda. Casi sí, casi noCasi entristezco. Tengo que luchar contra mí para evitarlo. O simplemente no pensarlo. Hablo con el escritor. Él es feliz, a pesar de pensar lo contrario. Lo envidio y me apetecería compartir con él esa felicidad. Luego no me atrevo. No doy pasos. Tengo miedo a que no salga bien. LocurasAyer pensé en llamarlo. Lo evité dejando de pensar en él, pero después soñé con él. Aunque no quiera, ahí aparece. Hoy hemos hablado y quedado para el viernes. Nunca le he dicho que salgamos juntos. Hoy, cuando me lo ha propuesto, apenas le he dejado terminar la frase. No sé qué pensará, temo que no sea como antes. Sé que ha estado con una chica en estos meses. Y ¿yo qué hago? Yo le evito pero le necesito. Estoy pensando...No sé si permitirle el paso u obligarle a vivir en el rellano. Allí no me importaría: sólo lo comparto con mi vecina de enfrente, la octogenaria con sombrero de ala ancha. Queridos Reyes MagosGracias. Con el dinero que ahorre este año en caramelos, pagaré el dentista. Me da a mí...Creo que me dará plantón. No hemos concretado nada y la cita era mañana. El escritor pasa delante y me deja atrás. Eso creo. Y yo esperando. FantásticoMe alegro que se ponga de moda alguna idea interesante y renovada. Es algo que pensé hacer con mi vida hace años y ahora empieza a tener forma. Numerando La semana pasada regresé al edificio sin número de la plaza. Entré, subí 87 escalones y me senté frente a la habitación número nueve. Recordé tres años antes, dentro, junto a 29 personas más, escuchando a una mujer contándonos la vida en 1536. Yo llevaba escondida tu primera carta entre tres cuadernos verdes. Tu primera carta de tu viaje de ocho meses por un lugar a cuatro países de aquí. Eran las cinco y media de la tarde y me hablabas de felicidad mientras yo sentía tristeza y me perdía entre las rayas del jersey del de delante, que no logré contar. Despertador orgánicoOcurría durante algunos amaneceres de verano. Yo dormía prácticamente desnuda en mi cama, navegando entre estrellas y observando la danza lunar. Mi ventana da a un patio interior donde se asoman unas 39 más. Tenía que esperar a que se apagaran las luces y subía la persiana hasta el tope. Y luego el silencio oscuro que ansiaba oír llegar. Un silencio que me reestructuraba los oidos: mágico y espectacular. Debía andar lista para que con los primeros rayos de sol me levantara sigilosa a bajar la persiana. En ocasiones lo olvidaba y me despertaba con las incipientes entonaciones de los pájaros enjaulados. Y en ocasiones ocurría: un sonido, el primero tras la noche. Empezaba imperceptible, casi mudo, pero se iba elevando y acelerando: una exhalación, un suspiro, un gemido, un aullido casi un grito... y vuelta a empezar. Me despertaba entonces oyéndolo asombrada. ¿Sería posible o sólo estaba imaginándolo? Salía corriendo de la cama y me escondía tras las cortinas buscando una habitación, una cama grande o unas sábanas móviles entre todas las ventanas de enfrente: nada en el quinto, las del cuarto con las persianas bajadas, los del tercero están de vacaciones... ¿De dónde vendría el sonido de aquel amante imposible? Enloquecía cada mañana intentando dar con él, pero nunca se dejó ver, sólo oir. El misterio de mi despertador de verano sigue hoy vigente. Ha vuelto a hacer de las suyas, esta vez a las 13:40 del mediodía. Buscando la entradaPor mucho que me acerque no capturo tu olor. Hoy casi me cuelo dentro. Te miraba sin darme cuenta, y recobraba la consciencia cuando me devolvías la mirada. Hueles a indefenso. A ingenuo. A inofensivo. A increible. Y temo que me descubras e intento evitarte. Y temo tus secretos o saber que es tarde. Hoy quise acercarme tanto a tu boca, y colarme dentro, y bajar por tu lengua, y sentirme presa en tu estómago, y saber que sólo yo te quito el hambre... Dime que no es tarde. Sigo naufragandoHe perdido la cuenta de los días que llevo nadando, sin parar, en busca de la orilla, que cada vez la veo más lejos. Fuera sueñosNo acepto los sueños. Nunca me hacen pasar una buena noche. A veces incluso me levanto aterrada, como hoy: Soñé con alguien, no vi su cara. Llamó al timbre, abrí la puerta y no había nadie, sólo una cajita minúscula en el suelo (ni notas ni nada). Me agaché, la tomé y fui al sofá para abrirla. Qué sorpresa, un regalo! Era un colgante en forma de corazón, de color oscuro, casi negro. Ignoro el material del que podía estar hecho. Me lo coloqué, lo enlacé al cuello imaginándome quien podría haberme enviado el regalo. En esas estaba cuando noté algo raro en el pecho, como moviéndose. Me miré dentro del jersey y allí estaba: el colgante. Al maldito colgante negro le habían salido seis o siete patas negras, repugnantes y arácnidas, y corría intentando escapar de mi lazo al cuello, y temí que me picara o me envenenara con algún extraño y desconocido virus, y no dejaba de moverse y yo de intentar escapar de sus pisadas sobre mi pecho, acercándose al cuello, a mi yugular, y comencé a oír su sonido insólito que no logré adivinar de dónde salía, y me volví una histérica... y desperté. Acabo de decidirloUn día de estos pido la jubilación anticipada. Lo malo es que ellos me pidan que trabaje, al menos, alguna vez. |